jueves, abril 19, 2018

sin sexo


Estamos en semanas de fiebre mundialista y a contados días para que el circuito literario sea invadido por las novedades de ficción. La contactología hará nuevamente acto de presencia y del mismo modo el inevitable reseñismo delivery, cuestionables prácticas en toda aldea, solo que en estos predios carecen de estilo.
¿Qué esperamos los lectores de ficción peruana este año? Nos queda claro que se viene escribiendo mejor en el siglo XXI. Sin embargo, hay una tara compartida por la mayoría de autores, una especie de cangrejo cachaciento a la espera de aguar el tono: la flojísima configuración moral de los personajes.
Cuando leo cuentarios y novelas, aparte de la dimensión literaria, espero también una experiencia emocional. Pero ¿qué tipo de conmoción podemos vivir con incomprendidos seductores, malditos sin malicia y apetecibles mujerones en desdicha, incapaces de manifestarnos algo más que histeria existencial? El lector ya dictaminó: la narrativa peruana última aburre. La sentencia no falta a la verdad. Y revela la consecuencia de ver a tanto escritor peruano pendiente de su posicionamiento cuando tendría que construir personajes verosímiles.
De Chéjov a Carver: sin personaje no hay ficción. En el caso local, este es demasiado puro, sin agujeros ni mierdita emocional. Por ejemplo, pensemos en su relación con el sexo: o bien contenidos por el juicio moral que sufriría el creador o falsos por sudar harto lugar común. Solo dos novelas y un cuentario abordaron el sexo mediante la humillación del personaje. Apunten: Sueños bárbaros de Núñez Carvallo, Esta casa vacía de García Falcón y Una calma aparente de Solano.
Bien lo dijo la cronista Leila Guerriero: “el periodista deja de ser tal cuando se aburguesa”. Esta opinión también la podemos aplicar a nuestras “maravillosas” plumas que han aburguesado hasta su poética. No queda otra: hay que exponer la zona oscura de la emoción.

… 

Publicado en Caretas

lang


Si algo para recordar me deja el pasado verano: las películas de Fritz Lang. En más de una ocasión he dicho que los veranos los dedico a ver otras vez películas que no necesariamente me hayan gustado, a manera de ejercicio, como quien va a caza de la primera impresión.
En este sentido, descubrí que tenía no pocas películas del director alemán, algunas de ellas no las había visto y no sé cuánto tiempo transcurrió desde la ocasión que las compré. Entre las que no conocía, una que no solo me gusta, sino que considero una obra maestra del arte de narrar, en donde nos encontramos con personajes extraordinariamente perfilados y en interacción sin llegar a desentonar.
Los verdugos también mueren (1943) es un proyecto ubicado en la etapa americana de Lang, el cual consigue sacar a la luz tras adecuarse a los criterios comerciales de la cinematografía gringa. Llegar a dirigir esta película (para más señas, comparte derechos de guion con Bertolt Brecht), le significó pagar un derecho de piso, es decir, se vio obligado a “amabilizar” sus películas para el gusto del público consumidor.
Si Lang deseaba seguir dirigiendo tras huir de Alemania, no tuvo otra opción que obedecer los lineamientos que le requerían. Sin embargo, esto no significó hipotecar su poética, era solo ceder, retroceder un paso para avanzar. Luego de tres películas que cumplieron con las exigencias de los productores, Lang llevó a cabo esta historia que no solo es divertimento, sino también tributo a la resistencia de mujeres y hombres checoslovacos ante la invasión nazi. La trama orbita en el asesinato de Reinhard Heydrich, Protector de Bohemia y Moravia, ocurrido en 1942. Lang se halló ante un argumento caliente, ni siquiera tibio, lejano de los lineamientos creativos que sugieren un prudencial paso del tiempo cuando se trata de recrear hechos históricos.
Lang no tenía cerrado el caso Heydrich, a su despacho llegaban las feroces represalias de Hitler contra la población checa para dar con los responsables del atentado contra el que se suponía sería su potencial sucesor. Ante esas informaciones, Lang deshecha erigir un solo héroe y opta por la heroicidad colectiva. Para él, todos serán protagonistas de consideración, desde la señora que vendía verduras hasta el hijo menor del profesor Novotny, especie de figura tutelar que adoctrina en su casa en materia política a sus discípulos. No es un personaje estelar, pero sí clave en cuanto el avance de la historia y su desenlace, puesto que en él, presente y ausente, se tejen los dramas y subdramas, como el conflicto entre su hija Nasha, su prometido y el huidizo Vanek. La delación amenaza con seducir a los personajes, que comparten la sospecha común sobre el asesino del oficial nazi, pero optan por el silencio y la distracción ante las investigaciones de la Gestapo.
Es precisamente en esta no-delación que Lang lleva su proyecto a no pocas cimas visuales, en lugar de concentrar, dispersa la atención del espectador, huye del lastre de la fijación en un solo personaje para enfocarse en la colectividad. Hay que tener en cuenta la escena cuando cercan al traidor checo en un bar, aquel que no desea perder sus privilegios y que decide ayudar a las fuerzas invasoras. 
Lang hizo alarde de la especulación, aunque su trabajo no calza con lo que sucedió, nos entregó una obra maestra.

miércoles, abril 18, 2018


morote


Para los lectores no peruanos del blog, en especial algunos simpatizantes de la izquierda, pero confundidos en cuanto a las ramas discursivas que esta exhibe: Osmán Morote es un pésimo representante de lo que tendría que pensarse de la izquierda peruana.
Sendero Luminoso jamás fue un movimiento revolucionario, menos un grupo guerrillero que luchó por el bien común, abrigando una digna causa popular. Eso es lo que transmiten los senderistas de cantina que ocupan ciertos cargos académicos y mantenidos por organizaciones no gubernamentales, priorizando sus intereses ideológicos a la verdad histórica que debe imponerse si es que existiera una pizca de buena voluntad.
SL fue grupo sanguinario que masacró a decenas de miles de peruanos en los años conocidos como La guerra interna. Nunca gozó del favor popular, jamás  recibió esa legitimidad por la sencilla razón de que su accionar no admitía opinión contraria, menos el debate, solo la sujeción ciega mediante la imposición de una retorcida agenda ideológica que fracasó en China a mediados de los setenta.
Entre las perlas de terror que carga Morote, es sindicado como uno de los autores intelectuales del atentado de Tarata en 1992; además, jamás pidió perdón, menos disculpas, por las acciones cometidas por ser el número 2 de Sendero. Por ese solo hecho, que ni él, ni los futuros cabecillas senderistas que están por salir, esperen que la sociedad peruana los trate bonito. No hay trincheras políticas e ideológicas que valgan, puesto que todos los peruanos sufrieron a causa de este pésimo remedo revolucionario. 
Morote y los demás payasos (incluyendo a ciertos oligofrénicos del Frente Amplio y Nuevo Perú) tendrían que estar “agradecidos” porque hay un Estado de derecho que, con fallas y logros, les permite afrontar sus juicios en dentro de un marco jurídico, sin embargo, ello no los librará de la permanente condena social, serán ratas espoleadas. Se lo merecen.

sábado, abril 14, 2018

a indignarse


No hay nada más estimulante para el espíritu que levantarse tarde tras una noche-madrugada productiva y toparse con los comentarios en redes a cargo de las luminarias del pensamiento nacional, el orgullo patrio de la superioridad moral, el aval ético contra las maldades de este puto mundo neoliberal.
Me sirvo café y analizo al vuelo la corriente opinativa. Como bien decía Pérez Reverte en un arranque de lucidez: el ser humano no debe perder la capacidad de indignarse.
Hay que ser de piedra, carecer de sensibilidad, para no alarmarse con el ataque de Estados Unidos, Francia y Reino Unido contra Siria. Son conocidos los intereses políticos y económicos puestos en juego, aunque, así sorprenda, el tema del petróleo ya no resulta medular como sí años atrás. Del mismo modo, a nadie sorprende las mentiras en las que se basan estos tres gobiernos con tal de justificar sus afanes imperialistas y de dominio.
No se está diciendo nada novedoso.
Los poderosos siempre serán los malos, es lo que se señala en el libreto y tienes que seguirlo y manifestarlo para que no te tengan en menos. No te olvides, nos encontramos en la época del parecer y en ello contribuye la trinchera virtual.
Sin embargo, estas condenas también reflejan su lado débil, el margen lorna que las delata de posera, oportunistas e inmorales, su mensaje es aberrante: palo y clavos contra el abuso de los masmáses de occidente y a cerrar el hocico contra la matanza que el gobierno sirio viene realizando a su población. Claro, los sirios huyen por decenas de miles, pero no lo hacen solo por las bombas “neoliberales”, sino por hartazgo e instinto de supervivencia. La nueva generación de sirios no está dispuesta a sufrir lo que sus padres y abuelos, al menos hará suya la oportunidad de desatarse de la férula de un asesino como Bashar al Asad. 
El oportunismo progre, y no solo peruano, es único.

miércoles, abril 11, 2018


¿formalidad?


En estos últimos días vengo escuchando la palabra “formalidad”.
Los lectores del blog saben que no soy nada adepto a los excesos de los movimientos y colectivos feministas, nada más lejos de uno que el atarantamiento por la denuncia.
Ahora bien, la denuncia de Daniela Pflucker a Guillermo Castañeda, aparte de delicada por el sinuoso contenido de las versiones, se impone también como una cruda metáfora de cómo se trata a la Mujer en este país de fierro, catre y botella.
Lo obvio: toda investigación que respalde una denuncia debe sostenerse en pruebas, pero también en una sensibilidad esencial que pueda acoger a las mujeres que en un acto valentía sindican a sus maltratadores, aquellas cuyos testimonios son puestos en duda por el solo hecho de ser mujeres. En este punto, sí me manifiesto a favor del discurso de los colectivos feministas locales, no en coherencia con la ideología, sino más bien en onda con el sentido común.
En parte, gratifica que se comience a brindar un apoyo a la versión de las mujeres agraviadas. Apoyo que no estaba siendo efectivo a razón de una exigencia de “formalidad” en la acusación. Recordemos que hace año y medio acaeció un sonado caso de acoso en el circuito literario local, en donde se dudó de los testimonios de las denunciantes, gracia que puso de manifiesto el doble rasero de los colectivos feministas dispuestos a enfrentarse a todos, menos a sus líderes de opinión que ejercían el acoso virtual. Se blindó al acosador de entonces con la cortina de la formalidad, exponiendo a las acosadas a una pasarela signada por la burla. 
Mientras haya mujeres y hombres que crean en la lucha por los derechos de la Mujer, la batalla tendrá un objetivo definido. Eso es lo que se necesita, convicción, no alharaquientas virtuales que son delatadas como tales cuando ven que el denunciado forma parte del círculo de poder que protegen más que el principio que juran defender y honrar.

jueves, abril 05, 2018

defensa de la ficción


Ya es costumbre que Mario Vargas Llosa altere la paz de nuestro pueblito cultural, cuyos integrantes caen presos de la conmoción a razón de las supuestas ligerezas que vienen conduciendo últimamente su criterio. A saber, lo acusan de favoritismo por el artículo dedicado al último título de Pedro Llosa, a quien tenemos que calificar de buen narrador; y hace poco, de machista retrógrada por Nuevas inquisiciones, en donde manifiesta su desacuerdo de la profilaxis que el feminismo radical pretende llevar a cabo con los libros de ficción.
No siempre sintonizo con MVLl, pero de dicho artículo firmo cada una de sus palabras. La razón es muy simple: estamos ante una férrea defensa de la lectura de ficción, últimamente en peligro por obra y gracia de la mirada fanática de la reivindicación y también por cuenta de las estrecheces académicas de los estudios culturales. Militancia ciega y estupidez discursiva que ahora van tras el único refugio que les queda a muchas mujeres y hombres de cultura: la imaginación y recreación como frutos del acto de leer.
Nuestra condición de lectores se resentiría mucho si antepusiéramos elementos extraliterarios a lo que nos ilumina de un libro. Las inventivas y el talento para transmitir están por encima de la moral del emisor de turno. Eso es pues lo maravilloso de la experiencia literaria, que nos rescata del vacío de la cotidianidad. Por ejemplo: ¿acaso dejaré de admirar por asesina a la fabulosa narradora de suspenso Anne Perry? En 1954, cuando Perry respondía al nombre de Juliet Hulme, mató de 45 ladrillazos en la cabeza a la madre de su mejor amiga Pauline Parker. Las adolescentes Hulme y Parker idearon el macabro acto con frialdad. Fueron separadas para siempre y enfrentaron la condena social. En su encierro, Hulme descubrió la evasión de la lectura.

… 




narradoras


Un acontecimiento a celebrar en la literatura peruana del presente siglo es la aparición de una nutrida camada de narradoras. Como en las farmacias, hay de todo: desde las que exhiben una poética coherente hasta las que no tienen absolutamente nada que decir. Más de una ha sabido romper mediante la calidad literaria los candados del celador machista, lo cual es meritorio, porque el sendero para una mujer que escribe y publica es mucho más jodido que el recorrido por un hombre de letras.
Entre las autoras que vienen consolidando su proyecto están: Karina Pacheco, Alina Gadea, Grecia Cáceres, Susanne Noltenius, Claudia Salazar, Yeniva Fernández, Jennifer Thorndike, Irma del Águila, Julia Wong, Claudia Ulloa y Katya Adaui. De las nuevas voces, destacan las talentosas Miluska Benavides y María José Caro. Podemos aseverar que el asunto guía las poéticas de la mayoría, cosa que agradecemos, porque nos han aliviado un poco del posero aburrimiento que identifica a muchos de sus pares varones, tan alocados por izar la bandera multicolor de la contactología editorial.
Ahora bien, no olvidemos a las que publicaron anteriormente a esta eclosión y que están pasando desapercibidas: Patricia de Souza, de quien recomiendo su última novela Mujeres que trepan a los árboles, y Teresa Ruiz Rosas, que ya tendría que ser considerada como la mayor narradora peruana en actividad.
De RR sugiero buscar El copista (Finalista en 1994 del Premio Herralde de Novela), La mujer cambiada y Nada que declarar. La excelente recepción crítica internacional de su obra no ha tenido eco en nuestro pueblito debido a los sentimientos menores, la mezquindad y otras “maravillas”. Aún podemos resarcirnos de tremenda dejadez, ya que circula en librerías locales El color de los hechos (2017), excelente selección de su narrativa breve en la que hallamos inteligencia de argumento y riqueza simbólica. Quedan avisados.

… 


miércoles, abril 04, 2018

expo feminista


No hay cosa que me fastidie más que el radicalismo (y claro, también la falta de humor).
Las manifestaciones de los excesos exhiben alcances insondables y últimamente el feminismo está cayendo en estas ciénagas (obviamente, de mi parte hay una mirada buenagentista, puesto que no son pocos los que aseveran que la intolerancia forma parte del feminismo).
El arte es ajeno a estas reivindicaciones, más aún cuando estamos en tiempos en los que el tema de la Mujer resulta delicado, circunstancia que a muchos ha obligado a abrigar su discurso sin manifestar reparo alguno del mismo.
A lo largo de los años he visto exposiciones de corte feminista que resultaron soberanos fiascos estéticos y que no eran catalogados como tales precisamente por su tema. Esta tendencia valorativa ya se ha impuesto como una norma, es decir, puedes presentar cualquier cojudez bajo el rótulo feminista para que recibas el saludo del compromiso con el momento “histórico”.
Por ello, no me queda más que recomendar la exposición feminista Energías sociales/ Fuerzas sociales de Natalia Iguiñiz, que pueden ver hasta este domingo 8 en la galería Germán Kruger Espantoso del ICPNA de Miraflores.
Un buen pata me habló de la exposición, cuando le pregunté sobre sus lineamientos, este me dijo que vaya, que no iba a perder nada. Efectivamente, no perdí nada y gané mucho. Ni bien pisas las instalaciones de la exposición uno experimenta una confrontación sensorial, o llámalo incomodidad. 
Se recorren pues más de quince años de trayectoria de Iguiñiz en cuanto al tópico de la Mujer y su relación con la sociedad. En este sentido, el discurso es frontal y como bien dijo mi recordado Miguel Gutiérrez: “un discurso sin estética no puede aspirar al arte”. Lo de Iguiñiz cumple este principio, el discurso encuentra justificación y epifanía en la forma estética, detalle que podría sonar a lugar común, que no tendríamos que indicar, pero el contexto obliga a expresarlo debido a las exposiciones encausadas únicamente en el sendero de la denuncia.

lunes, abril 02, 2018


polémica / obra


Luego de un largo fin de semana, me pongo al día con algunos temas que no había estado siguiendo con la frecuencia que otros sí.
Desde hace algunas semanas se viene discutiendo en las redes sociales la situación de la poesía peruana actual, debate en el que participan los colectivos Sub 25, Anima Lisa y Vallejo &Co.
Para muchos, estos cruces de opinión son una pérdida de tiempo. En lo personal, considero que todos los debates y polémicas son positivos, nos ayudan a pensar en la visión contraria y refuerzan nuestro discurso argumental, siempre y cuando exista voluntad para aprender y para aceptar si es que se ha cometido alguna equivocación.
Si la memoria no me falla, esta es la primera vez que veo un debate de poesía peruana entre sus protagonistas del siglo XXI, cosa que me parece saludable, porque ha habido una mejora en la producción poética de los últimos años, es decir, se ha venido abandonando la zona oscura que cubría a casi todos los nuevos poetas peruanos.
También soy de la idea de que cuando se discute de cualquier tema, hay que tener cuidado en no ser juez y parte del mismo. No porque no sea pertinente, sino en aras del buen gusto, ajeno a las huachafadas del contrabando discursivo que hemos visto en otras polémicas. A menos, claro, que se tenga una obra que respalde la postura. Llámalo autoridad, si te parece.
En este sentido, me ha fastidiado el tono de superioridad, el aliento vivazo, de los participantes. Podría entender esta actitud si detrás hubiese una obra atendible. Recordemos las polémicas de los integrantes del movimiento Hora Zero en los setentas, también las de algunos miembros del grupo Kloaka en los ochentas. No digo que la obra legitime la versión, menos la rabieta, pero sí nos permite entender la posible verdad del reclamo.
No hace falta quemar cerebro, si nos ceñimos a la obra poética como tal, siendo esta una en pleno proceso de construcción, la conformada por Mendoza, Pera y Polack es más equilibrada y proyectiva que la de los vates de S25 y AL. 
Que siga la polémica, pero tengan en cuenta lo siguiente: piensen en los lectores, no en los Likes.

martes, marzo 27, 2018

aprendizaje


En el maravilloso librito My favorite things. Conversaciones con John Coltrane (Alpha Decay) de Michel Delorme, encontramos una respuesta que habría que poner en práctica para estos tiempos en los que la chibolada está cada vez más sometida a férreas e inútiles exigencias a vista y paciencia de la platea virtual.
Ante la inquietud sobre con qué tipo de músicos le gustaba trabajar a “Trane”, este manifiesta su preferencia por aquellos que basan su pericia en el entusiasmo y no solo en la ejecución perfecta. Con los duchos se puede redondear piezas, pero en este curso la garantía de hechizo no está asegurada, no en la mayoría de casos. En cambio con los entusiastas siempre está la opción de la sorpresa, el condimento de este género musical: la posibilidad de la improvisación. Además, el músico señalaba como ingrediente clave la impresión primeriza que signa a los entusiastas, es decir, la característica de quienes quieren aprender.
Lo que no dejó de buscar Coltrane a lo largo de su vida, fue aprender mediante la enseñanza, he ahí la razón que entre las luminarias del jazz sea el músico de quien más se pueda asimilar recursos sin estar bajo la sombra de un genio (y bien sabemos que esta categoría también se la podemos adjudicar). 
Siguiendo esta lógica, pienso en el aprendizaje literario. Es obvio que no podemos aprender de todos, como esas plumas que a la más mínima asimilación convierten al principiante en imitador o caricatura, a estos solo hay que disfrutarlos, del mismo modo recoger sus influencias, pensemos en García Márquez y Borges; en cambio están los otros, que dejan al lector no solo epifanía, sino también un manual de aprendizaje, a saber, el andamiaje estructural de Vargas Llosa en sus novelas, recordemos Conversación en La Catedral.

domingo, marzo 25, 2018


comunidad


Aunque vi la noticia en los muros de algunos contactos, no creí que sería ser testigo directo de la fiebre mundialista por la compra del álbum Panini.
Lo pude ver. Largas colas sin importar el calor, la barrera generacional quebrada por la pasión futbolera. Niños y adultos tras lo que consideran un documento histórico.
En lo personal, el álbum nunca me llamó la atención, no le encontraba la magia que otros sí, pero lo que siempre me gustó fue que alrededor de ese objeto se formaran comunidades de fanáticos que se reunían en distintos lugares de la ciudad para intercambiar las figuritas que faltaban, los clásicos “nola”, “sila” y “yala” hoy en día usados para otros fines de la era líquida. Hasta en los patios de recreo podía verse la junta de los entonces pequeños interesados en llenar el álbum. Quien conseguía llenarlo tras angustiosos meses tenía el derecho de manifestar su orgullo ante los que no.
Pero ahora se ha perdido ese espíritu de comunidad. En menos de tres horas ya puedes tener el álbum completado y alucinarte el bravo de la pichanga. Se lo comenté anoche a un amigo y este me dio la razón. No hay curiosidad, ni pasión, anclas del fetichismo. Lo mismo sucedía con los casetes, mas aquella fiebre solo la pude ver en sus últimos estertores. 
Sabíamos que en estas semanas de partidos amistosos para Rusia nuestra mente estaría puesta en frivolidades felices, pero lo que no esperábamos, aunque lo intuíamos como posibilidad lejana, era la situación política del país gracias a PPK y la pandilla de la rata naranja.

viernes, marzo 23, 2018

de antes


En estos días cualquiera se arroga el derecho de criticar la situación del país, así es, “cualquiera”, si no veamos a nuestros congresistas, como Huilca, a la que observo en estos momentos mientras doy cuenta de una taza de café y de un pan con jamón y queso, repitiendo las mismas cojudeces que su lideresa Verónika Mendoza: nueva constitución, otro modelo económico y convocatoria a elecciones.
Como si el problema del país fueran la constitución y el sistema económico. El solo hecho de decirlo no es más que reflejo de desconexión de la realidad y sujeción a las agendas ideológicas de partido. Para esta gente, poco o nada importa lo que preocupa a los peruanos, no les interesa buscar la solución a la desaceleración de la economía, que es el tema central que tendría que estar en debate.
A diferencia de las bancadas y representantes de izquierda de antes, la de ahora, aparte de demagógica, exhibe también incapacidad moral. Lo que veo en Arana, Glave, Huilca y el mounstro Apaza, no lo veía en J. Diez Canseco; lo que percibo de Mendoza y Goyo, nunca de Barrantes. La izquierda de entonces, con bemoles y otras salsas, era mucho más responsable, culta, inteligente y coherente que la de hoy, a la que poco le falta para pontificar, alucinada en una legitimidad popular inexistente. 
La labor histórica de la izquierda siempre ha sido la fiscalización. En esa postura ha sido eficiente, recibiendo por tal labor el reconocimiento de la ciudadanía. Así como hay mamíferos de montaña en la derecha, los hay también en la acera zurda, preocupada en sus nuevas adicciones: a esta le gusta el poder y, cómo no, también el dinero.

jueves, marzo 22, 2018


chicote


Ayer miércoles, día histórico.
PPK renunció pechando al Congreso. Congreso aún más hundido que la imagen del presidente saliente.
Vimos las reacciones de los congresistas, entre estas, las de Becerril, Mulder, Salaverry, Arana y otras cosas peores. Y hoy en la mañana, las de los ex candidatos presidenciales Mendoza y Barnechea. Del primer grupo no espero mucho y del segundo solo desgracia pautada por la demagogia.
Más de uno sospecha que detrás de esta ingobernabilidad están los hermanos Fujimori. La emisión de los videos nos arroja la certeza de que estamos ante una práctica noventera de estilo montesinista y posiblemente ante un plan que busque apoderarse de la enclenque institucionalidad del país.
Estamos, pues, hasta el cuello de mierda.
Como siempre, de estas porquerías es posible sacar algunas conclusiones que van más allá del ámbito político, potenciales enseñanzas para el deshueve vital.
Veamos: el lobismo no conduce a ningún lado, tarde o temprano este te pasa la factura. Hace un tiempo, un inevitable conocido del circuito cultural dijo que en la vida hay que hacer lobby. El afán por el dinero era menor al que sentía por el poder y en esta práctica no llegó a creer en nadie. Ahora lo veo como PPK, en el desprestigio, deambulando por la vida hablando mal del trabajo de otros y a la espera de una nueva oportunidad. 
Pero hay una dimensión del relacionismo que considero la peor: el que se vale de intereses colectivos, llevado a cabo desde el Estado para el beneficio personal. Eso es lo que pasó con el conocido que deambula y ahora lo estamos viendo con el ex presidente. La vida, cuando chicotea, no tiene piedad.

miércoles, marzo 21, 2018

opinión de poeta


Navego un rato por Vallejo & Company, avisado a razón de un artículo. Más allá de si me gusta o no el inicio del mismo (impostada bacanería), queda claro que el micro debate de poesía de estas últimas semanas solo tiene razón de ser en circuitos tan pueblerinos como el nuestro. Entre varias hierbas del mal gusto en este cruce de "conceptos", escojo esta: las influencias del poeta como signo de diferencia y calidad en comparación a las “viejas escuelas”. Lo concomitante como mérito y medio de contrabando para la argolla grupal, hasta las huevas.
Creo entender el ánimo del joven poeta peruano promedio. No hay quien se considere voz en proceso de aprendizaje, todos se consideran algo, desde el que tiene talento y es dueño de una honesta comunión con la palabra, hasta aquel que fragua referencia mediante la imagen de vate. La situación con el poeta es mucho más complicada que la del narrador. El poeta local siente que es parte de un imaginario mucho más rico y perenne, observación nada jalada de los cabellos, porque en la tradición poética peruana hallamos grandes nombres, como Vallejo, Adán, Eguren, Westphalen e Hinostroza. Hablamos de grandes poetas canónicos, pero también de imprescindibles nombres en las divisiones menores, entonces el poeta quiere ser parte de alguna de estas parcelas y en ese afán se la juega por la presencia alocada y en esa actitud la paciencia opinativa no es vista como virtud en nuestros buscadores de la experiencia
Deben imponerse la calma y la genuina búsqueda verbal en la obtención de la legitimidad. Dinamitar el ego y evitar la pose cojuda, de lo contrario, vemos lo que vemos: el inmisericorde apanado virtual al emisor que se pinta de polémico.