lunes, mayo 28, 2012

'Clockers'



Noches atrás entré a un huequito de libros. El encargado era un macizo cachinero que sabía lo que exhibía en sus estantes. No puedo aseverar si era un lector que vende libros o sencillamente un vendedor de libros. Veía los anaqueles y llegué a una sección en donde había muchos best sellers. Grisham, Harris, Váquez-Figueroa, Gordon, Cornwell, Le Carré, Perry, etc. A muchos ya los conocía, pero igual seguí mirando. La empresa no fue un fracaso, como en un primer momento supuse, ya que vi el lomo de Clockers (1992), novelita de 633 páginas del narrador gringo Richard Price.

Compré el libro con la sensación de que pude pagar menos. Tenía que leerla, pues. Algo sabía de ella pero más de su autor, a quien debemos asociar como el responsable en el guión de los mejores y más recordados episodios de The Wire. Leí la novela en una semana, creyendo más de una vez que estaba viendo la versión literaria de The Wire. De la nada aparecían los personajes de la serie, las mismas calles, las jergas en clave, la brutal violencia verbal. Una delicia sucia de lo que debería ser un policial de a pie.

Me puse a averiguar más sobre Clockers. Y supe que tenía una adaptación cinematográfica de Sipke Lee. Llamé a César de Mondo Trasho para saber si la tenía. Y él me contestó lo siguiente:

−Compadre, ¿qué pasa?, ¿te has vuelto amnésico? Yo te vendí un nuevo paquete de 20 películas policiales en enero. Allí está la que me pides.

Efectivamente, César me había vendido el referido paquete y del mismo solo me acerqué a no más de 4. Busqué Clockers o Las calles del crack (1995). Y aproveché la tarde del domingo para verla, bajo pretexto de previa al partido de Alianza Lima con el Gálvez.

Spike Lee es un director al que le tengo ciertos reparos, muy personales por cierto. No he visto toda su filmografía, aunque siempre he reconocido su valía. Más de una vez he percibido que su propuesta se infesta de un mensaje moral, adoleciendo de un excesivo espíritu de denuncia y lo que me es inadmisible: parece que estuviera viendo documentales y no ficción.



Puse Clockers en el cd player.

Y después de casi 2 horas, faltó poco para pararme y aplaudir. Ni siquiera me interesó ver el partido de Alianza con Gálvez. Me quedé pensando en la capacidad de Lee para mostrarnos, ahora sin moralina, la fidelidad de una determinada comunidad negra (traficantes de poca monta) de Brooklyn; admiré el trabajado minimalismo de Price (y Lee) en el guión y una vez más destilé fervor por Harvey Keitel, uno de mis actores favoritos.

Lo único que le pido a las adaptaciones cinematográficas de novelas es que respeten el espíritu troncal de estas. Y sé también que es un despropósito intentar compararlas. Para mí son cosas distintas. Clockers como novela es una obra maestra del policial. Y como película es una muy buena película, en la que tenemos a Rodley (Delroy Lindo), un trajinado traficante que tiene a un grupo jóvenes negros que trabajan para él en el parque de un complejo habitacional. Rodley descubre que otro traficante, Darryl, le está jugando sucio. Entonces le pide a Ronald “Strike” (Mekhi Fifer), su discípulo y natural sucesor, que lo mate. Pero “Strike” no ha pasado más allá de coordinar ventas y dárselas de pendenciero. Nervioso y con miedo, se reúne con su hermano Victor. Este le dice que no se preocupe, que las cosas estarán bien, puesto que el “trabajito” lo hará “My Man”.

Darryl es asesinado y a la escena del crimen llegan dos descompuestos detectives de homicidios, Rocco Klein (Harvey Keitel) y Larry Mazzili (John Turturo, quizá en el rol más flojo de su carrera). A primera impresión el asunto no pasa de un asesinato entre negros. Es decir, algo sin importancia. A las horas reciben la información de que alguien ha confesado ser el autor de asesinato. Rocco y Larry tienen que cumplir con la diligencia: entrevistar al asesino. En la entrevista Rocco encuentra muchos vacíos en el discurso de Victor. Los lazos esenciales de lo que dice son muy flojos, como si estuviera escondiendo algo o protegiendo a alguien. Rocco sospecha. No queda conforme con lo que escucha y decide, contra las recomendaciones de Larry, investigar.

Spike Lee elabora varias sociedades que se contraponen. De ellas sobresalen las de “Strike” con Rodney, la de Rocco (el policía bueno) con Larry (el policía malo) y la de Rocco con Victor. ¿Cómo es posible que alguien como Victor, hombre trabajador,  ejemplar, casado, con 2 hijos y con tantas ganas de abandonar el barrio, se haya arruinado la vida matando a un tipo que absolutamente nada le había hecho?, es la pregunta que atormenta a Rocco.

A diferencia de la novela, el desenlace es lo que menos importa. Lo que se impone es la oscura relación, a manera de cofradía, que hay entre los implicados. Uno llega a valorar la lealtad, el silencio cómplice, la atmósfera carroñera, de hastío y desesperación que nos presenta Lee en cada escena de Clockers.

1 Comentarios:

Blogger cmansilla dijo...

Hola, he leido algo de David Simons y Homicidio, de alli escuche de R. Price, y llegue aqui, ando buscando el libro Clockers, lo tienes en pdf? o en fisico?, alguna idea de donde lo puedo encontrar?

Gracias.
C.

10:56 a.m.  

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