viernes, agosto 24, 2012

A un par de años de un hallazgo




Un seguidor del blog me busca en Selecta Librería. Estoy seleccionando títulos, puesto que en unos días nos vamos a la Feria del Libro de la PUCP. Este seguidor del blog hurga entre lo que queda de los anaqueles y coge Tratado sobre la yerbaluisa de Enrique Verástegui. Me pregunta qué opino del poemario y le digo lo que pienso, sin pelos en la lengua. Se supone que tengo que seguir en la selección de lo que se llevará a la feria, pero ya entramos en el tema Verástegui y la verdad que quiero relajarme bien un rato.

El seguidor del blog me hace otra pregunta: ¿Te acuerdas cuando Los poetas del asfalto y tú encontraron el manuscrito de El saber de las rosas del zambo? Claro que me acuerdo, respondo. Y prendo un Pall Mall rojo y le doy un sorbo a mi cafecito humeante. Y bueno, paso a poner las cosas en la parcela de la justicia: fueron Los poetas del asfalto, en realidad Angelito Izquierdo Duclós, quienes encontraron el referido texto, yo no. Lo único que hice fue llevar mi cámara digital y escribir sobre el hallazgo partiendo de las pruebas que vi.

La presencia de este visitante me hace pensar en la expectativa de los hinchas de Verástegui. Verástegui, de eso estoy muy seguro, desde hace rato dejó de tener lectores. Verástegui es a la fecha una suerte de marca, un icono de a pie. Son demasiados los que leen todo lo que se pueda de él, sino cómo explicar el éxito en ventas de sus últimas entregas sumamente menores. En fin, misterios del fetichismo literario.

Cuando se le entregó el manuscrito al poeta, en un evento realizado en un histórico bar del centro, en mayo de 2010, creí que no pasaría mucho tiempo para tener en manos El saber de las rosas como libro. En estos años he escuchado del interés de algunas editoriales, pero a la fecha no hay señales de que esta posibilidad vaya a cristalizarse, lo cual frustra, puesto que Verástegui es de los contados poetas al que quisiéramos leer en su faceta de ensayista, y comprobar si es verdad si su libro es un “artefacto literario valioso para el universo”.

Aquella mañana de marzo en el puesto de libros de Angelito, me puse a picar el manuscrito. Estuve en este trance casi hora y media, trance interrumpido por las páginas en sepia que Angelito y Richi Lakra me pasaban, que eran las cartas de Verástegui dirigidas al poeta y ex blogger Paolo de Lima, que tuvo el manuscrito durante tantos años y que solo él sabe cómo fue que llegó a parar a La Parada.

Pues bien, estoy en la subjetiva condición de afirmar de que no es un artefacto literario valioso para el universo, pero sí uno que nos brinda las suficientes luces del peculiar pensamiento del poeta con relación al devenir de la poesía peruana contemporánea. No tengo reparo alguno en decir que lo leído a medias transmite mucho más que la mayoría de ensayos y artículos que se han publicado sobre el tema. Verástegui no es presa de la jerigonza rebuscada, ni del interés delatado por la trampa, sino de su experiencia de lector, de su yo nada contenido que le permite pergeñar una bella prosa al servicio de la mágica contundencia conceptual, que rebrota en polémica también, de estos textos que espero, algún día, podamos leer en el formato para el cual fue escrito.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Y prendo un pall mall rojo....

8:09 p.m.  

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