lunes, julio 18, 2016

diarios de Trapiello

Nunca he sido muy devoto de diarios de escritores. Había leído, sí, alguno que otro referente clásico. Digamos que en lo último que pensaba comprar ni bien pisaba una librería era, precisamente, un diario de escritor.
Sin embargo, los intereses cambiaron, y para bien.
A mediados de 2008 tuve la oportunidad de presentar al escritor español Javier Alonso Benito en el Centro Cultural de España, en el marco de Semana de Autor. La conferencia que ofreció el autor tenía un título por demás llamativo: La literatura del yo en la narrativa española actual.
Durante la lectura de JAB escuché más de 20 veces el nombre del también escritor español Andrés Trapiello. Pues bien, días después tuve un interés artificial por Trapiello y le presté una distraída atención a los diarios literarios (dietarios) en general. Además, por aquella época me pegué, como nunca antes, a la lectura de no pocos libros de no ficción, hábito que estuvo a nada de desplazar mi gusto por la lectura de novelas y cuentarios.
Y llegó el momento del acceso a la nueva galaxia, ocurrió en una gris tarde dominguera de agosto de ese mismo año, tarde consagrada a escuchar maratónicamente a The Kinks y King Crimson, en la que recibí la llamada de mi amigo Óscar Pita. Él, en ese entonces narrador inédito, me recomendó que leyera Dietario voluble de Enrique Vila-Matas. Cosa que hice al día siguiente. Y tal como su título lo indica, la publicación tenía el espíritu del diario, pero a la vez un respiro plástico en cuanto a la escritura como fin en sí misma. Fue un libro que no solo me sorprendió, sino que me resultó esencial ya que su lectura la llevé a cabo en un momento signado por una serie de cuestionamientos que tenía con el ejercicio de la escritura. Y claro, fue la fuerza centrífuga que me llevó a leer, ahora sí en serio y con voluntad voraz, todos los diarios posibles de escritores.
Tras una búsqueda relativamente paciente por librerías de viejo del Centro de Lima, en las que es posible lo imposible, como encontrar, a saber, ediciones pasadas de Pre-Textos, el destino recompensó mi persistencia, ya que puso de a pocos en mis manos los diarios de Andrés Trapiello, como también sus novelas y ensayos. No es que haya leído de corrido los tomos de sus diarios (cada uno con un título distinto), proyecto narrativo que recibe el nombre de Salón de pasos perdidos. A Trapiello lo he venido leyendo bajo el caprichoso ritmo de lo esporádico y sin esperarlo sus diarios me han revelado a un escritor que no solo deja la piel en el asador, sino también a un cuidadoso orfebre de la palabra. Sin habérmelo propuesto, ya conocía buena parte de su obra diarística, que en su caso, es no menos que abundante y por ello impresionante: 20 tomos, de los que he leído 15. No exagero, cada vez que me topaba con sus diarios, su lectura resultaba excluyente, lo que venía leyendo sufría la inevitable postergación.
Lo dicho hasta aquí nos obliga a formularnos una pregunta, en apariencia sencilla, cuya sola respuesta viene preñada del aura de la epifanía. ¿Existe en la tradición literaria en español un proyecto diarístico como el de Trapiello? En lo personal, por más que investigué, no lo he encontrado. A lo mejor podamos encontrar proyectos diarísticos en tradiciones literarias ajenas al español, lo que hace de Salón de pasos perdidos no solo peculiar sino también un proyecto que hoy por hoy se legitima en las infinitas posibilidades narrativas que brinda el registro del diario y que conocemos gracias a este proyecto sin meta, sin final y sin fecha de caducidad.
En los diarios de Trapiello no solo hay espacio para el recuento vital, sino también mucho espacio para la mentira, esa cualidad axial para la ficción, es decir, lo que encontramos en estos libros de común denominación genérica, no es más que un constante juego e intercambio de registros, que le permiten al autor conectar con sus lectores, juego e intercambio de registros que le han brindado el respiro suficiente para tratar los temas que le han dado en gana.
Podríamos calificar a este escritor como un genuino observador de la vida, un hombre de rutina, pero también un silencioso caminante de la vida, o, la definición que nos ajusta mejor: una esponja que lo absorbe todo. Esta actitud es la que nutre y potencia sus diarios, a los que el autor ha decidido llamar “Novela en marcha”. Trapiello no se guarda nada en sus diarios y esta actitud, suponemos, lo ha posicionado como un autor polémico, pero también uno que ha logrado que los lectores se identifiquen mediante sus diarios. Trapiello escribe de sí mismo, pero en especial de los demás, y es gracias a la plasticidad del registro que se impone más de una licencia, como nombrar a las personas sin nombrarlas, a las que adjudica una “X”. Este detalle, a manera de ejemplo al paso, nos refuerza la percepción de la indefinición genérica de SPP, porque sabemos que estamos leyendo diarios, pero que a la vez se alimentan de la tradición de la novela. Pensemos pues en la novela decimonónica, enfocada en registrar los vaivenes del día a día de una época. Esa podría ser la intención del proyecto, pero lo que sustenta la intención es la prosa alimentada de lo mejor de la tradición narrativa española en la que se inscribe.
Pero hay más. Con lo dicho podemos aseverar que Trapiello es un autor a descubrir para los lectores peruanos, pero de alguna manera Trapiello ha estado presente en nuestro imaginario de lectores gracias a los libros que editaba en Pre-Textos. Consignemos también su continua actividad como articulista y bloggero, eso, por un lado, en lo segundo, nos da una idea de su disposición por las nuevas formas de comunicación con los lectores; tampoco no pasemos por alto su faceta como poeta, en la que destacó, entre varias entregas, con el epifánico poemario Acaso una verdad. Pero esta información sigue siendo insuficiente: Trapiello es también un ensayista muy reconocido, pensemos en el imprescindible Las armas y las letras, ensayo con el que sumergió en los intersticios de la Guerra Civil Española y los escritores que participaron en ella. Este podría ser uno de sus libros con más reediciones, y en cada nueva edición no se deja de encontrar información adicional, nuevos puntos de vista sobre los escritores españoles que se debatían entre los dos frentes políticos e ideológicos. 
Hablamos, qué duda cabe, de un autor prolífico, de quien venimos escuchando a razón de la reescritura que ha realizado del Quijote al español actual. Una proeza que no solo puede ser asumida por un conocedor de la poética cervantina, sino por un gran amante de la lengua, ergo, por un gran escritor, al que veremos y escucharemos en la próxima edición de la FIL de Lima.

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