lunes, octubre 17, 2016

"orgullosamente solos"

Lo primero que debemos hacer al terminar la lectura de Orgullosamente solos (Random House, 2016) del ex poeta, ensayista y crítico José Carlos Yrigoyen, es no perdernos en la bastardía de su registro genérico, sino enfrentarnos al texto en la transmisión de lo que este nos puede ofrecer como experiencia literaria.
Estamos ante la segunda entrega del proyecto narrativo en curso que el autor ha titulado Trilogía de la vida. Si en la primera entrega, Pequeña novela con cenizas (2015), nos encontramos con la voz quebrada y, posteriormente, liberada, de un narrador que nos relataba las desventuras vividas por culpa de su padre desalmado, contraponiendo su narración testimonial al asombro que le generaban la filmografía y actitud del italiano Pier Paolo Pasolini, en esta segunda, Yrigoyen se centra en el asombro que le produce el pasado familiar, aquel ligado a su abuelo materno, el desaparecido periodista y político Carlos Miró Quesada Laos.
Para los entendidos de la historia política peruana, Miró Quesada Laos ha quedado en sus anales como uno de los más férreos promotores del fascismo. Admirador de Mussolini y fanático de Hitler, por un lado; y por otro, enemigo declarado del fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre. Hablamos de un hombre que caracterizó su vida política y social entre las espumas de la polémica. A esto, sumemos que MQL tuvo una doble vida familiar, la oficial, y la oculta, de la que proviene el autor.
Nos enfrentamos a un personaje ideal para cualquier proyecto de ficción, por el que se podría aspirar a un fresco de la historia política peruana de la primera mitad del Siglo XX. Pero antes de continuar, una necesaria digresión: el hecho que un personaje como MQL (y muchos de nuestra historia política) haya permanecido ninguneado en la novelística peruana nos brinda una realidad muy pobre de nuestra tradición en cuanto a novelas históricas con voluntad de crónica generacional. Veamos un detalle: cada página de Orgullosamente solos, en la mirada de un novelista de oficio, significaría veinte páginas de conspiraciones y entretelones que tendrían al diario más poderoso de Perú y al líder del partido político más tradicional en un brutal enfrentamiento en el que no faltaría la sangre, un enfrentamiento bajo un contexto bélico internacional, del que seríamos testigos de un discurso imperial que alimentaría a uno de los representantes de las facciones en pugna.
Por esta razón, Yrigoyen hace bien en alejarse de la ficción para abordar el tema de su abuelo desde la sorpresa y la obsesión, canalizando el proyecto en una decidida confianza de sus virtudes literarias (y tengámoslo en cuenta desde ya: la virtud literaria es también reconocer aquello de lo que como escritor no puedes escribir), enfrentándose a la figura de MQL por medio de la memoria familiar y la indagación personal.
El autor apela a la memoria y la reflexión, con las que pauta esta narración de no ficción, reconociendo en su proceso los rasgos y gestos de aquel hombre que, como ya señalamos, detestó al APRA, ese hombre que conoció a Mussolini y que cenó con los jerarcas de la carnicería nazi, ese mismo hombre del que nos hablan la abuela y la madre del autor. A la par, se hace uso de un discurso interpretativo sobre el sendero político de MQL, un discurso que fluye y que es deudor de la ya conocida veta crítica y ensayística de Yrigoyen, pero que en contados párrafos entorpecen el curso de la lectura, pienso específicamente en los que pasan revista a las gestas electorales en las que participó MQL.
Este proyecto no requería de la ficción y en esta opción somos testigos del humor, rabia, cuestionamiento y ternura que brotan de estas páginas que cumplen su cometido: el lector se identifica y asombra con ellas (a saber: ¿podremos olvidar a Beatriz Eguren?). Pero estas páginas nos brindan otra certeza, esta en cuanto a lo que Yrigoyen ofrece como escritor: escribió de su abuelo llevado por una suerte de mandato anímico e intelectual, y también acicateado por un reconocimiento de su identidad, pero también pudo escribir de cualquier persona, bajo el principio de que todas las personas tienen historias reales que merecen ser contadas.
No me hago problemas en lo siguiente: Orgullosamente solos es un libro consagratorio para su autor, que lo ubica como una voz imprescindible en el imaginario literario peruano actual. Además, es junto a Bombardero de Czar Gutiérrez, lo más “innovador” que le ha podido ocurrir a la narrativa peruana en lo que va del nuevo siglo. Hablamos de proyectos narrativos totalmente distintos, pero rubricados por una epifanía a cuenta de sus internos diálogos estructurales (el primero, una ambiciosa revisión de estructuradas y registros ya explorados, y seamos honestos, un artefacto literario como este no volverá a repetirse; y el libro que nos convoca, una revisión de estructuras de ficción (igual, ya exploradas) puestas al servicio de una verdad emocional, cuyos ecos, a futuro, ubicarán al libro como uno magisterial). Y centrándonos en nuestro peculiar contexto literario, Orgullosamente solos pone punto final a las discusiones abiertas y silentes sobre los caminos que debería seguir la narrativa peruana en relación al pasado inmediato de su tradición. Estamos ante un libro que es pasado, presente y futuro en la aparente sencillez de su brevedad. Sea el registro en que se escriba, en ficción o no ficción, lo que importa es la verdad literaria y este libro de Yrigoyen la exhibe.

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Publicado en Revista Lecturas

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