domingo, marzo 05, 2017

palabras mayores

Luego de muchas horas fuera del mundo, vuelvo a la realidad, es decir, me conecto con algunas noticias que han sucedido en las últimas horas. Y no, no me referiré al fracaso de la marcha del colectivo Conmishijosnotemetas, sino a algo mucho más edificante, y justo por cierto. Es decir, el renacimiento del estupendo narrador peruano Antonio Gálvez Ronceros, de quien he estado viendo reseñas, notas y entrevistas en las últimas semanas.
Aunque habría que subrayar bien lo de “renacimiento”, porque, desde que sé de GR, este siempre ha sido un narrador no solo reconocido por sus colegas de oficio (más de uno lo calificó de clásico de la narrativa peruana), sino también por los lectores, aunque no muchos, pero de los que sé también que no eran nada primerizos. Y en lo personal, desde que lo conocí en el Taller de Narrativa de San Marcos, que dirigía con Jorge Valenzuela, a mediados de los noventa, me dio la impresión de que era un artista, o mejor dicho, un hombre enfocado en la escritura como comunión, sin carcomerse por los réditos de la campaña que otros escritores de esos años, como mucho más ahora, por querer parecer escritores.
Por ello, no solo la narrativa de GR se impone como sólida, sino también como legítima. Si GR tiene el lugar que ahora presenciamos, lo ostenta sin haberlo buscado y ese es un detalle que no deberíamos pasar por alto. No nos equivocamos si lo calificamos como uno de los mayores narradores peruanos. Sus tópicos, que podemos ver en La casa apartada y Monólogo desde las tinieblas, los mismos que podemos encontrar hoy en librerías, han sido tratados con la mirada del orfebre y en actitud rubricada por la coherencia, es decir, con el respeto que le generaba el mundo de la cultura rural y afro, que bien leemos en Monólogo…, en cuyas páginas corroboro lo que sentenciaba su compañero de taller, José Antonio Bravo, con quien, según los que tuvieron la suerte de ser sus discípulos, construyó una leyenda y prestigio que no ha vuelto a repetirse, sentencia que ayudaría a entender la poética de nuestro narrador: “la ética del escritor.”
Ahora, y como para seguir pensando en el contexto. La atención que viene concitando GR no es gratuita y al respecto podemos barajar varias hipótesis, como el hecho de que la editorial que lo publica necesita encontrar a un escritor dueño de un consenso literario, con mayor razón tras el vacío dejado por Miguel Gutiérrez en las letras peruanas. Ya lo señaló Manuel Vázquez Montalbán: el reconocimiento editorial, muchas de las veces, es producto de ciertas circunstancias. Indiquemos que el catalán se refería a “circunstancias” no lidiadas con la calidad literaria de la propuesta. Eso, si es que hablamos de la mercadotecnia editorial; empero, fijémonos en el detalle mayor y que debería importar: los ecos que aún sigue transmitiendo el Grupo Narración, en lo que este significó y muestra a la fecha como cantera de poéticas narrativas. Pensemos en las voces salidas de este grupo literario y político, veamos algunos nombres: Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez, Augusto Higa, Juan Morillo Ganoza y GR. 
¿Palabras mayores? Sin duda.

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